El TTL es el gran desconocido del DNS y, a la vez, el número que decide si una migración te lleva diez minutos o dos días. Son tres letras que significan time to live, tiempo de vida, y su valor está expresado en segundos.
Qué es exactamente
Cada registro DNS de tu dominio lleva asociado un TTL. Ese número le dice a cualquier servidor DNS del mundo cuánto tiempo puede guardar en memoria la respuesta antes de tener que volver a preguntar por ella.
Cuando alguien escribe tu dominio en el navegador, su operador consulta la respuesta y la guarda en caché durante exactamente el tiempo que marca el TTL. Durante ese periodo, todos los clientes de ese operador reciben la respuesta guardada, sin que tu servidor DNS se entere de nada. Es un sistema de eficiencia brillante: sin él, Internet se ahogaría en consultas repetidas.
Por qué te importa en la práctica
El problema aparece cuando cambias algo. Si tu TTL es de 86.400 segundos, es decir 24 horas, y cambias la IP de tu web, hay operadores que seguirán enviando a sus clientes al servidor antiguo durante un día completo. Tú ves la web nueva, tu cliente sigue viendo la antigua, y nadie entiende nada.
Con un TTL de 300 segundos, ese mismo cambio se propaga en cinco minutos. La diferencia entre las dos situaciones es un solo número que puedes cambiar con un clic.
Los valores típicos y para qué sirve cada uno
- 300 segundos (5 minutos). Para periodos de cambio. Propagación casi inmediata a cambio de más consultas a tus servidores DNS.
- 3.600 segundos (1 hora). Buen equilibrio para registros que cambian de vez en cuando.
- 86.400 segundos (24 horas). Para registros estables que no vas a tocar: los servidores de nombres, los registros de verificación.
La técnica del TTL bajo
Esta es la maniobra que separa a quien sabe de quien improvisa, y consta de tres pasos:
Primero, dos días antes del cambio, baja el TTL del registro que vas a modificar a 300 segundos. Es importante hacerlo con antelación: los operadores que ya tenían cacheado el valor viejo, con su TTL viejo, tardarán ese tiempo en enterarse del nuevo TTL. Si tu TTL era de 24 horas, necesitas 24 horas para que todo el mundo sepa que ahora es de 5 minutos.
Segundo, haz el cambio real. Con el TTL a 300, la propagación se completa en minutos y puedes comprobarlo desde varias redes.
Tercero, cuando todo esté estable unos días, súbelo de nuevo a una hora o más. Así alivias la carga de tus servidores DNS y mejoras el tiempo de respuesta para tus visitantes, porque su operador tendrá la respuesta a mano más tiempo.
Errores frecuentes con el TTL
Bajarlo el mismo día del cambio. No sirve de nada: los cachés que importan siguen respetando el TTL antiguo. Hay que anticiparse.
Dejarlo bajo para siempre. Un TTL de 60 segundos permanente multiplica las consultas a tu DNS y añade una milésima de latencia a cada visita nueva. Para un registro estable no tiene sentido.
Olvidar que el correo también tiene TTL. Los registros MX, SPF y DKIM se propagan igual. Si migras correo, bájales el TTL también, o tendrás mensajes yendo al servidor viejo.
Cuando el TTL no es el culpable
A veces un cambio no se ve y el TTL no tiene nada que ver. Las causas habituales son la caché del propio navegador, la caché del sistema operativo, o un operador que ignora tus TTL y aplica un mínimo propio. En esos casos, probar desde el móvil con datos, sin wifi, es la forma más rápida de comprobar si el cambio ya está en el DNS público.
Gestionarlo sin dolor
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